A veces los alumnos nos dicen «Ah, yo a eso no lo voy a poder hacer nunca», haciendo referencia a alguna postura que les cuesta adoptar, o a un cierto grado de flexibilidad que muestra otro practicante en la sala.

El Hatha Yoga, también llamado «Yoga del cuerpo», es sin dudas una de las formas de yoga más difundidas en Occidente. En base a la importancia que esta disciplina le da al cuerpo, a veces se interpreta que Yoga es una serie de contorsiones raras y difíciles que la mayoría de nosotros no podemos realizar. Pero ¿eso es Yoga? ¿una disciplina de desarrollo corporal? ¿una competición postural? (o postureo, como lo llama Ramiro A.Calle). Nada mejor que recurrir a los textos clásicos para obtener una respuesta a estas preguntas. Dice el Hatha Yoga Pradipika, uno de los manuales más antiguos de Hatha Yoga:

«Luego de haber rendido tributo a su Señor y Gurú, el yogi Svatmarama enseña la ciencia del Hatha Yoga únicamente para obtención del Raja Yoga».

Es decir que, como se indica al inicio de este manual, el Hatha Yoga (yoga físico) se practica para alcanzar el Raja Yoga (Yoga de la mente). El sabio Patanjali dice en su clásica definición: «Yoga es la detención de las fluctuaciones de la mente».

¿Entonces, por qué el Hatha Yoga pone el acento, inicialmente, en el trabajo corporal? Porque considera que, a pesar de tratarse de una unidad indivisible, o tal vez justamente por ello, dominar la mente, serenarla, enfocarla, es un trabajo muy complejo si no se inicia y se desarrolla a través del entrenamiento y el control del cuerpo, mucho más accesible a nosotros que las profundidades de la psiquis. A través del trabajo sobre el cuerpo afectamos la mente, volviéndola más serena y equilibrada.
Tanto las asanas (posturas), como los pranayamas (tipos de respiración controladas), los mudras (gestos/llaves) y las kriyas (técnicas de limpieza yóguicas), finalmente conducen a la estabilidad de la mente, requerida y recomendada para otras prácticas más avanzadas como la meditación.

Finalizo este texto con esta cita de uno de los grandes difusores del Hatha Yoga Clásico o Tradicional, Andre Van Lisebeth:

«El Cuerpo es infinitamente más que una maravillosa mecánica biológica, es una DIMENSIÓN ESENCIAL del ser humano. Este Cuerpo es el punto de encuentro, la encrucijada de todos los planos de existencia del ser humano. Este Cuerpo es el lugar privilegiado del Cosmos donde la energía creadora del Sí entra en contacto con la materia, la modela y la controla. ¡Y esta creación se prosigue en cada instante de nuestra existencia! Un cuerpo humano es materia transmutada, hecha viviente, penetrada de absoluto. Al llevar nuestro cuerpo a su perfección, gracias al Hatha Yoga, es decir, al impregnarlo de conciencia, al dominarlo, al hacer la experiencia total de su vida, el hombre realiza un aspecto crucial de su destino. Con este espíritu debe practicarse el Hatha Yoga. Así concebida, una sesión de asanas, en vez de no ser más que una sesión de super-gimnasia, se convierte en el momento sagrado en que el Hatha Yogui entra en comunión con su cuerpo; es el momento en que el intelecto, en lugar de esclavizar el cuerpo para sus fines, se pone a su servicio y se integra en él»


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