El Yoga puede verse como una actividad física: nos movemos al ritmo de las posturas, fortalecemos la musculatura, la elongamos y desarrollamos la fuerza en las extremidades y el tronco. Varias de las prácticas que realizamos tienen como fin purificar y fortalecer el cuerpo físico, a través de asanas (posturas), satkriyas (limpiezas yóguicas) y pranayama. Pero también trabajamos en otros planos…

El Yoga también trabaja sobre la mente: los sentidos van hacia adentro permitiendo que la mente experimente y vivencie otras experiencias internas, más sutiles. Y mediante otras prácticas como la relajación y la visualización, pueda acceder a planos más profundos, liberando tensión y ansiedad acumuladas por las experiencias vividas (de ahí que luego de una práctica uno se sienta más “liviano”).

Y el Yoga también trabaja sobre las emociones: a través de la respiración controlada, aumentando la permanencia en las posturas, vamos trabajando sobre la ansiedad, el enojo, la frustración, elevando todas estas cualidades y convirtiéndolas en paciencia, tolerancia y alegría.

Por último, el Yoga también avanza sobre el plano espiritual: el espíritu es la raíz sobre la que se asienta toda la existencia humana (aunque a veces no podamos verlo o sentirlo): mediante la concentración y la meditación, junto a las demás prácticas, se busca vivenciar la totalidad de la experiencia humana, alcanzar los planos más profundos donde reside el alma o espíritu, conectado directamente con la energía cósmica o Totalidad.

Por eso en yoga hablamos de INTEGRACIÓN, porque lo que buscamos es integrar la totalidad del ser humano, su realidad física, mental, emocional y espiritual, sanarlas y expandirlas. Porque como explicaba el brujo Juan Matus a Castaneda: el hombre es una realidad mucho más vasta y profunda que lo que llegamos a conocer debido a los condicionamientos (limitaciones impuestas) que vamos desarrollando a medida que vivimos.

El yoga busca eliminar nuestros condicionamientos (físicos, mentales, emocionales y espirituales) y expandirnos, para poder realizar la totalidad de la existencia y experimentar SatChidAnanda: Ser, Conciencia y Bienaventuranza. Ese es el gran legado que el Yoga y sus sabios nos han transmitido desde los tiempos más antiguos y que nosotros estamos realizando aquí y ahora.

(Reflexiones a partir del artículo “Espiritualidad y Salud” de Swami Niranjananda Saraswati del año 1995)

Foto: Tony Reid para Unsplash


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