Muchas veces andamos por la vida pasándonos más tiempo enojados que contentos. Nos sentimos frustrados aunque no sepamos bien qué nos pasa, pareciera que el mundo está en contra nuestro y que se esfuerza en hacernos indignar. Y una cosa lleva a la otra: enojados tratamos mal a las personas, esas personas se defienden y nos atacan y la cosa siempre va de mal en peor. Así dejamos de hablar con amigos, no queremos salir a la calle, nos la pasamos peleando en las redes sociales y finalmente nuestra vida es una batalla con distintos frentes abiertos.

¿Qué puede decirnos el Yoga sobre este tema?

El Yoga es una disciplina que en occidente se hizo famosa principalmente por sus efectos sobre el cuerpo físico: mayor elasticidad, flexibilidad, fortaleza y también menos dolores. También se hizo popular por su capacidad para calmar la mente y bajar la ansiedad. Sin embargo, el Yoga como fue transmitido a través de la tradición es una puerta al despertar espiritual, es decir que su objetivo principal es que nos demos cuenta que somos mucho más que un cuerpo y una mente y que realicemos esta verdad: somos luz y energía encapsuladas en la materialidad de un cuerpo.
En general esa luminosidad se nos hace opaca e incluso sentimos que la vida es un fluir cansino entre situaciones que no podemos manejar y que nos hacen repetir una y otra vez nuestros fracasos. Como seres racionales que somos nos cerramos en nuestras verdades (ideas del mundo) aunque nos generen mucho sufrimiento y otras veces, aunque tratemos de cambiar aspectos de nuestra personalidad que no nos gustan o que nos hacen sufrir, por mucho que lo intentemos, volvemos siempre a los mismos comportamientos.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

Hay una palabra que bien puede respondernos: hábitos. Los hábitos son comportamientos, acciones o procederes que de tanto repetirse se cristalizan y se vuelven parte de nuestra personalidad. Hay hábitos buenos (como hacer ejercicio, descansar bien, etc.) y hay otros que no lo son tanto (comer de más, criticar mucho o dormir poco). Los hábitos gobiernan nuestros días de tal manera que si controláramos lo que hacemos a detalle cada día veríamos que nuestros pensamientos, las palabras que usamos para comunicarnos y nuestras acciones varían muy poco de un día al otro. Somos seres de costumbres con comportamientos circulares (¿te suena lo del perro que se muerde la cola?)

Círculos viciosos y círculos virtuosos

En este sentido hablar de hábitos (en plural) es hablar de un conjunto de comportamientos que se agrupan en torno a ciertas características y que, de esta manera, se comunican entre ellos formando patrones circulares repetitivos.
Los CÍRCULOS VICIOSOS son aquellos que van encadenando hábitos negativos por lo que se potencian (me acuesto tarde, me levanto tarde, me duele la cabeza, me siento cansado, duermo mucha siesta, me vuelvo a acostar tarde, etc etc.). Por el contrario los CÍRCULOS VIRTUOSOS son aquellos que nos llevan de un hábito que nos hace bien a otro que nos hace bien (como sano, me siento bien, trato bien a las personas, me tratan bien, me siento mejor, etc.). Es decir que los iguales se atraen.

Cambiar en forma positiva requiere energía

Es importante saber que a veces por muchas ganas que tengamos de cambiar o abandonar hábitos nocivos, es muy difícil lograrlo si no tenemos energía disponible para hacerlo. Este es un tema apasionante que se aborda desde el chamanismo en los libros de Castaneda (las enseñanzas de don juan y toda la saga posterior): el mundo al que tenemos acceso hoy es aquel que podemos enfocar con la energía que tenemos disponible. Es decir que para poder enfocar otra parte del mundo (es decir, poder acceder a otros comportamientos o hábitos dentro de nuestro mundo posible, otras formas de mirar la vida) es necesario tener energía disponible para verlos primero y realizarlos después. En este sentido el Yoga como ciencia de la energía trabaja en forma indirecta para ayudarnos a encontrar y realizar hábitos más saludables para nosotros porque a través de sus prácticas elevamos nuestra energía y eso nos permite enfrentar posibilidades que de otra manera hubieran sido inaccesibles porque, o no las veríamos, o simplemente no seríamos capaces de llevarlas a cabo.

Cambiar es posible

De esta manera, la práctica de Yoga nos va haciendo cada vez más conscientes de nosotros y del mundo que nos rodea, de nuestras posibilidades, de lo que nos hace bien y lo que no nos hace bien. Y como la práctica aumenta la energía, esa consciencia también se acompaña de mayor disponibilidad para el cambio, simplemente porque tenemos mayor energía para hacerlo. Y como los círculos se expanden o se contraen, esta disponibilidad nos permite ir encadenando buenos hábitos o simplemente dejar hábitos que nos hacen mal por otros más sanos y conscientes.

¿Cómo comenzar a activar y elevar nuestra energía?

Este es mi mensaje hoy: los buenos hábitos pueden desarrollarse, los malos hábitos pueden eliminarse, todo es cuestión de ahorrar energía y desplegarla para ese fin. Y por esto van algunos consejos para ir en ese camino: – No critiques. – No maldigas. – No te enojes. – Dejá de consumir noticias que te intoxican (noticieros, redes sociales, etc.). – Dedicá por lo menos 10 minutos al día para leer textos edificantes que te ayuder a sentirte mejor. – Realizá diariamente algunos ejercicios de Yoga, no hace falta que sean muchos, con 3 o 4 asanas y algunos minutos de respiración consciente te van a ayudar a sentirte mejor y aumentar tu energía.
Espero de corazón que te embarques en esta travesía apasionante del conocimiento y la transformación personal!
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> Podés compartir esto con las personas a las que sientas que les puede servir. Sería para mi un honor servir de ayuda a todos aquellos que lo necesiten. > En caso de que tengas ganas de practicar Yoga acá podés ver los horarios. > Cualquier cosa que necesites saber o quieras preguntarme podés escribirme a nicocubero@gmail.com que estaré encantado en responderte.
Om Shanti! Nicolás.
Foto de portada Andre Hunter de Unsplash

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