Veo que muchos de los que intentamos transmitir la ciencia del Yoga terminamos cayendo frecuentemente en el modo «supermercado de posturas»: describimos en nuestras redes, como una forma de promocionarnos, los detalles de cada postura, con sus beneficios y fotos o dibujos muy atractivos, como si se tratara de elementos que se ofrecen en una góndola y que cada quien toma según sus necesidades y preferencias (un poquito de esto para acá, otro poquito de aquello para esta otra cosa). No es una crítica tanto como una observación: yo también me he visto tentado muchas veces en reproducir esta lógica y lo he hecho. Sin dudas la variante terapéutica del Yoga hace uso de las propiedades de cada asana para aplicarse como tratamiento pero ¿se justifica la predominancia de este enfoque particularizador y específico en nuestra enseñanza? Kriyas, asanas, pranayamas y meditación son partes integrantes del Hatha Yoga Clásico, que en un principio describió muy pocas asanas, varias de ellas meditativas. Es posible que este fenómeno también se deba a 2 cuestiones de nuestra época: el criterio de utilidad y la popularización del Yoga, que se ve influida por los criterios masificadores del marketing de redes. El criterio de utilidad se ve en nuestra clases, cuando algún alumno pregunta ¿y esta postura, para qué sirve? Muchas veces nos vemos tentados a responder haciendo una descripción de la postura y sus beneficios, y caemos sin siquiera haberlo pensado en la lógica de la utilidad.

La práctica de asanas en el yoga persigue un fin pero este no es ninguno de los que son anunciados en general en los «beneficios» de las posturas que hacemos, sino más bien: tatah dvandvah anabhigatah («A partir de entonces, el sadhaka no es perturbado por las dualidades» Patanjali Yoga Sutras, II.48). Lisa y llanamente: estar en paz.

Como me dijo una colega y amiga ayer: «en algún momento hay que abandonar la búsqueda y entregarse a la experiencia». La tarea de los instructores debe ser enseñar la ciencia con sus técnicas, pero también, y tal vez más importante aún, presentar otra lógica de la existencia, otro modo de Ser, uno que no esté tan basado en resultados como en procesos, no en objetivos sino en caminos, más en experiencias que en búsquedas. Esa enseñanza es la que verdaderamente se hace i shin den shin (de espíritu a espíritu).

Imagen ilustrativa: Hanson Lu on Unsplash

Publicado originalmente en http://www.facebook.com/nicocuberoyoga


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